El puente de Triana, San Fernando y el croché

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Nadie duda que las tareas realizadas con el ganchillo, llámese croché, pueden ser todo un arte. En Galicia, por ejemplo, hay lugares como Vimianzo donde bordar el encaje de bolillos es verdadero espectáculo y bien merece su peso en oro. Pero las piezas se hacen, se exponen y se venden. Hasta ahí, todo bien.

Ahora, en el afán por innovar en el arte, nos hemos inventado el ‘urban knitting‘, que no es otra cosa que forrar de croché todo lo que se nos ocurra. Estamos convocados el próximo domingo 20 de octubre para tejer punto y colgar cadenetas y colgaduras en el Puente de Triana. Y a finales de mes, la artista neoyorquina Olek hará lo propio con la estatua del Rey San Fernando, la que se encuentra en el pedestal de la Plaza Nueva.

Mire usted. Está bien que aceptemos las vanguardias en el arte, innovar, pero cuidado con el como y el con qué. Hemos visto en muchas ciudades marmolillos, cadenas, señales de tráfico… forradas en croché. Pero pare usted de contar. De ahí, a vestir al Patrón de la ciudad con su telita de croché, va un salto cualitativo muy grande. Supongo yo, que con lo delicadita que es la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta de Andalucía, algo tendrá que decir en el asunto. ¿O no?

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El Giraldillo y el desliz del IAPH

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Altas torres dicen que han caído, pero esperemos que en esta ocasión no sea así con la más alta de Sevilla (sin contar con la Pelli, que aún no está terminada y, por tanto, no cuenta). El Giraldillo vuelve a estar enfermo y su estado, no podría ser de otra manera, preocupa. Más aún porque hace 8 años se le sometió a una intervención profunda por parte del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico IAPH).

Ello conllevó, incluso, a que se le hiciera una copia a la representación de la Fe que hoy día podemos ver en la Puerta del Príncipe de la Catedral. Jamás podríamos pensar que en tan poco tiempo el Giraldillo iba a estar enfermo otra vez, al parecer por una oxidación del vástago.

Algunos ven en este desliz del IAPH el declive de lo poco que funcionaba bien en la administración andaluza, un organismo curiosamente que tenía en nómina a los restauradores e imaginemos más relevantes de Andalucía que también trabajaban por cuenta propia, cogiendo trabajos que el Instituto rechazaba.

Otros verán estos posibles errores como una consecuencia más de la crisis, ya que este instituto ha visto mermado en tres años su presupuesto en casi dos millones de euros, pasando de 9 a 7 en la actualidad. Falta de medios, alegan.

Pero lo que está claro es que una institución restauradora puntera, que se ha caracterizado por marcar un antes y un después en la investigación de las imágenes, sobre todo de religiosas -a pesar de la laicidad del gobierno socialista que la rige-, es que no puede cometer un desvarío como el que ha ocurrido con el Giraldillo, la enseña por naturaleza de Sevilla. Ojo, esto es quizás un gran aviso a navegantes. Tomen nota.

El espíritu de las Setas de Sevilla

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Más bonitas, más feas, más baratas o más caras, apropiadas o inapropiadas… debates los hay para todos los gustos, pero una cosa es indiscutible. El Metropol-Parasol o las Setas de la Encarnación, como queramos llamarlas, es una parte viva de Sevilla, recuperada para los peatones, para los amantes de los bares, para los frikis de las cofradías y para los entusiastas del ocio (a veces chabacano, por lo que montan allí en Navidad, con camellos incluidos).

Las Setas de la Encarnación están siempre hasta arriba de gente. Y eso se comprueba con echar un vistazo y analizar los bares y heladerías que han abierto a su alrededor y que se han convertido en punto de citas, reuniones y concentraciones.

Pero hay dos Setas, la alta y la baja. La alta se ha mantenido como espacio turístico, porque los restaurantes que hay no funcionan. El modelo no es bueno, cuando llega la época de calor se hace insoportable permanecer allí y, además, se ha hecho poca publicidad de ellos. De ahí que hayan tenido que compensar a Antonio Palomino -dueño de la Alicantina y de Puerto Delicias, hombre con gusto y muy trabajador- dejándole montar en la zona baja, donde realmente hay negocio, un habitáculo negro lleno de veladores y de mal gusto que rompe con la estética del lugar.

En la baja, hay bares a rabiar, siempre llenos. Y no nos olvidemos de la plaza de abastos, con puestos dignos y unas instalaciones de categoría (como diría un buen rancio) después de perder su provisionalidad en la antigua sede, en la que se ha llevado cerca de 35 años.

Las Setas forman parte de estructura primaria de la ciudad, de la Sevilla viva del día a día y de la turística. Ya hasta Zoido y Gregorio Serrano se han dado cuenta y la promocionan allá por donde van. Y también lo han visto claro los alemanes -paisanos de Jürgen Mayer, el arquitecto que las concibió- los tíos más listos de Europa y de buena parte del mundo, que la acaban de elegir para presentar su nuevo Wolkswagen Gof a nivel mundial. Todo un pelotazo.

La caída de la Campana

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Érase una vez unas obras en el centro neurálgico de la ciudad, allá donde empieza su kilómetro cero, allá donde está el kiosko más célebre de la ciudad, allá donde tiene su parada autobús del 27,allá donde las cadenas de comida rápida compiten, allá donde está esa cafetería en la que encontrar una silla y una mesa libre es una odisea y allá dónde cada año se habilita el espacio donde comienza la Carrera Oficial de la semana más grande de Sevilla.

La Campana está en obras, la están poniendo bocabajo, con esos falsos adoquines de granito de los que mejor no hablar, porque subiría el pan. Según dicen los obreros, al menos quedan dos semanas de trabajo, pero su perspectiva empieza a ser muy clara. La Campana está lisita, muy recta, muy firme… y ahora los hartibles nos preguntaremos: ¿Qué pasa con la caída de la calle? ¿No han pensado en ella? ¿Dónde quedarán las estampas de esos palios con los costeros derechos hundidos? Pues, señoras y señores, todo eso se acabó. La calle central de la Campana -como bien le bautizaron los amigos de la radio- se ha quedado más plana que la pared de un frontón.

Tanto es así que esto va a obligar a los capataces a replantearse la altura de los hombres del costero y la corriente, porque la caída de la calle ya ha pasado a los anales de la historia de esta céntrica plaza. La obra obligará también a otras cosas, como a que los técnicos del Consejo General de Hermandades y Cofradías tengan que agujerear de nuevo el suelo para poner los anclajes de las vallas de la carrera oficial y replantear el espacio de las sillas para no encontrarnos luego ninguna sorpresa. Y habrá que estar pendientes de que no toquen las aceras, porque si no, puede vivirse un verdadero drama.

Cofrades, capillitas, fotoperiodistas, foteros y amigos de las webs, preparad las cámaras porque ya se barrunta -si nada nuevo ocurre- cuál va a ser la gran novedad de la Semana Santa 2014.

Sevilla y Betis deben pagar

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Estamos en pretemporada, con visos a empezar la liga y venga compras y traspasos millonarios de aquí para allá. Y, como no, en el Betis y en el Sevilla la cosa no iba a ser para menos.

El Sevilla está preparando un equipo en base a lo que sus finanzas le deja, pues están algo tocadas por su salida de las competiciones europeas, aunque en parte ya algo recuperadas con la venta de Negredo y Navas. El Betis, hace lo que los administradores concursales le permiten, y no lo está haciendo nada mal.

¿Pero qué pasa con las deudas contraídas con la ciudad? Aquí la cosa no es nueva, viene a de lejos, y el marrón se lo está comiendo este gobierno local. Entre los dos equipos sevillanos, deben a la Hacienda municipal 4,2 millones de euros -que no es moco de pavo- 2,8 de los cuales pertenecen al equipo de Nervión. Y, mire usted, se hace duro ver como ingresan por el niño Navas 30 millones de euros y el Sevilla sigue sin pagar. ¿Y ahora va la delegada de Hacienda y embarga al Sevilla por no pagar y nos ponemos las manos en la cabeza? Y por otro lado también tenemos que aguantarnos los sevillanos aceptando la ‘quita’ del concurso de acreedores del Betis mientras seguimos viendo como compra más jugadores.

Pues hasta aquí hemos llegado. Ese dinero es de todos los sevillanos, ya sean béticos, sevillistas o de ninguno de éstos. Y en la ciudad hace mucha falta para cuestiones que son de emergencia en la actualidad, asuntos como darle de comer a familias o dar trabajo al que no lo tiene. Dejémosnos de  frivolidades de pago a plazos, ahora incumplo, ahora le doy esto, ahora lo otro. A mí, como ciudadano de pie, me dan dos plazos como máximo para pagar. Y si no, venga intereses al canto.

Por favor, seamos serios. Lleguemos a un acuerdo, pero que no pase por darnos entradas para ver los partidos de fútbol. A ver si al final eso del “opio del pueblo” va a ser verdad el fútbol…

El parque de María Luisa y la punta del iceberg

Parque María Luisa

Sin lugar a dudas, es una magnífica noticia la inversión de 400.000 euros anunciada por el Ayuntamiento para recuperar el Parque de María Luisa, aunque la cuestión que habría que plantearse es si esa cantidad es suficiente para los desperfectos que presenta este pulmón de Sevilla, que ha ido muriendo poco a poco.

El parque no es ni por asomo aquél que un día fue, el que conocimos de pequeños con el burrito de la Plaza de España, el de los vendedores de barquillos, el de las jaulas de los monos, el de los pavos reales andando por sus calles….

Dando un paseo por el mismo, seguimos contemplando la belleza extrema de la Plaza de España, en la que afortunadamente se han recuperado piezas cerámicas y el servicio de barcas pero en la que, por desgracia, comienzan a mangonear de nuevo las barandillas. ¿Para qué sirve las cámaras y las rejas que pusieron en su día, entonces? Pues para poco o para nada.

Unas de las principales carencias del parque -y ahí Zoido ha estado fino al decir que eso va a cambiar- es que no tiene seguridad alguna. Decides acercarte a uno de los sitios más visitados de la ciudad por los turistas y resulta que no ves a un solo policía nacional ni local. Pero a ninguno. Ya ni al guardia civil que antes escoltaba la puerta de la Delegación del Gobierno y de vez en cuando se asomaba a fumar su cigarrito.

Mire usted. El parque está sucio, muy sucio, sus calzadas rotas, las ratas andurrean por las calles e incluso nadan en los estanques junto a los patos; el monte Gurugú está reventado, la fuente de los Leones no echa agua y la isleta tiene cortado uno de sus accesos porque se ha caído una de sus dos barandillas. El parque no tiene WC abierto, los árboles se parten -que se lo digan a Sánchez Cuerda y al susto que se han llevado esta semana en La Raza- y los vándalos siguen rompiendo los bancos de piedra y los azulejos de las glorietas.

Además, el problema del parque es el mismo que el existente en muchas zonas de la ciudad y exactamente lo mismo que ocurre con los parques infantiles. Durante mucho tiempo, hubo presupuesto municipal destinado a inversiones o material nuevo (capítulo 6) pero no para gasto corriente (capítulo 2) o mantenimiento. Porque se daban préstamos y subvenciones para invertir y no para mantener. Era más fácil comprar un parque infantil entero que cambiarle cuatro tornillos a uno ya construido.

Esperemos que esta inversión anunciada por el señor alcalde sólo sea la punta del iceberg de una más potente que hace falta para que el parque de María Luisa sea lo que un día llegó a ser. Hasta entonces, seguiremos paseando por allí pero también lamentándonos.

La imagen visual de Sevilla

tienda caseta

Más de una vez nos hemos referido al cuidado que los responsables del Turismo deben tener con nuestra ciudad. Hay mantenerla limpia, sus calles seguras, mimar su patrimonio, sus costumbres, sus tradiciones, su idiosincrasia y, como no su imagen.

Hasta un cierto punto, puede entenderse que el guiri viene a buscar patrimonio, pero también folclore, flamenco y fiesta en estado puro. Porque esa es una de las principales ‘marcas’ que nosdiferencia con el resto de ciudades españolas. Y para eso están los tablaos, que luchan diariamente sin subvenciones para poder sobrevivir, y las miles de tiendas que venden souvenirs, que nos recuerdan día a día la importancia de este imprescindible arte propio de nuestra tierra.

Pero como digo, es fundamental cuidar la imagen. Y no me estoy refiriendo a cuestiones como las gitanas que te leen la buenaventura, mientras otra te vende un clavel y la otra te ciza la cartera. Hablo de la imagen visual del centro histórico de Sevilla, de sus negocios. Recuerdo aquellos intentos del Partido Andalucista por controlar la cartelería y los rótulos de las tiendas, poniendo en marcha una novedosa normativa que iba a penalizar a los comercios que se fuesen por los cerros de Úbeda. Pero todo quedó en nada. Y luego vino el PSOE y ahora el PP. Y nada de nada.

El compendio de barbaridades de rótulos, fachadas y carteles que se observan en muchas tiendas del centro, algunas al lado de la Catedral y el Archivo de Indias, son de juzgado de guardia. Un verdadero despropósito. Y seguimos sin hacer nada. Al contrario, seguimos autorizando verdaderas barbaridades. Si viajamos a cualquier ciudad europea de primer nivel, vemos de todo, pero con una cierta estética, cuidando con mesura el entorno. Aquí nos queda mucho camino por recorrer y cuando las primeras que incumplen son las multinacionales, peor aún. Pero con esfuerzo, tesón y ganas, todo es posible. Todo es posible y todo cabe, pero con respeto y educación hacia una ciudad que vale tanto como Sevilla.